Un paciente con diabetes que pierde sensibilidad en el pie puede tener una úlcera avanzada antes de sentir dolor. El cribado del pie diabético existe para adelantarse a eso: clasifica el riesgo de cada paciente y fija cada cuánto hay que revisarlo. Aquí va el protocolo de referencia, el sistema IWGDF, y cómo llevarlo a la historia clínica sin que se quede en un papel suelto que nadie vuelve a mirar.
¿Qué es el cribado del pie diabético y por qué importa en podología?
El cribado combina tres exploraciones sencillas: el test del monofilamento de 10 gramos para valorar la sensibilidad protectora, el diapasón para la sensibilidad vibratoria profunda y la palpación de pulsos (o el índice tobillo-brazo) para detectar arteriopatía periférica. Ninguna requiere equipamiento complejo, y las tres juntas son las que sostienen la clasificación de riesgo del sistema IWGDF (International Working Group on the Diabetic Foot), la referencia internacional más citada en esta materia.
Las cuatro categorías de riesgo del sistema IWGDF
- Categoría 0: sin neuropatíaSensibilidad protectora conservada y pulsos presentes. Revisión anual: el propio IWGDF documenta que más del 99 % de estos pacientes siguen libres de úlcera a los 1,7 años de seguimiento.
- Categoría 1: neuropatía periféricaPérdida de sensibilidad protectora, sin arteriopatía ni deformidad. Revisión cada 6 meses.
- Categoría 2: neuropatía con arteriopatía o deformidadSe suma pérdida de pulsos o una deformidad estructural del pie. Revisión cada 3 a 6 meses.
- Categoría 3: historia de úlcera o amputación previaEl riesgo más alto: el paciente ya ha tenido una úlcera o una amputación. Revisión cada 1 a 3 meses.
El cribado pie diabético podología es, en esencia, la combinación de tres pruebas sencillas con una clasificación de riesgo en cuatro categorías: cuanto antes se hace, antes se puede ajustar la frecuencia de revisión a cada paciente concreto, en vez de aplicar el mismo calendario a todo el mundo.
La estratificación no depende solo de la exploración del día: también pesan el control glucémico deficiente, más de diez años de evolución de la diabetes, la pérdida de visión y una amputación previa. Por eso el cribado no es una foto única, sino un dato que hay que revisar y volver a clasificar en cada visita de seguimiento.
¿Cada cuánto hay que repetir el cribado según el riesgo?
La frecuencia la marca la categoría, no una norma fija para todos los pacientes: anual en categoría 0, semestral en categoría 1, entre 3 y 6 meses en categoría 2, y entre 1 y 3 meses en categoría 3. El problema real no es saber estos plazos, sino recordarlos paciente a paciente cuando la agenda se llena: si el dato de categoría vive en un campo estructurado de la historia y no en la memoria del profesional, la propia ficha puede avisar de cuándo toca la siguiente revisión.
Cómo registrar el cribado sin perder trazabilidad
Un cribado que se apunta en un papel o en un campo de texto libre no sirve para comparar la evolución de un paciente entre visitas. La historia clínica de Sanagest permite crear campos propios por especialidad —resultado del monofilamento por zona, presencia de pulsos, categoría de riesgo resultante, fecha de próxima revisión— dentro de una plantilla clínica versionada de podología, sin escribir una línea de código. Cada entrada queda con su fecha y su autor, de forma inmutable: corregir un dato genera una entrada nueva que deja rastro, nunca sobrescribe la anterior.
Lo que el software no sustituye
Ningún sistema clasifica el riesgo por ti: el monofilamento, el diapasón y la palpación de pulsos los hace el profesional. Lo que aporta un campo estructurado en la historia es que esa clasificación quede registrada, comparable en el tiempo y con recordatorio de la próxima revisión, en vez de perderse en una nota suelta.
La historia clínica que documenta el protocolo completo
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Preguntas frecuentes sobre el cribado del pie diabético
¿Qué pruebas incluye el cribado del pie diabético?
Tres exploraciones básicas: el monofilamento de 10 gramos para la sensibilidad protectora, el diapasón para la sensibilidad vibratoria y la palpación de pulsos (o el índice tobillo-brazo) para detectar arteriopatía. Con esas tres se asigna la categoría de riesgo del sistema IWGDF.
¿Cuántas categorías de riesgo tiene el sistema IWGDF?
Cuatro, de la 0 a la 3, con frecuencia de revisión creciente: anual, semestral, de 3 a 6 meses y de 1 a 3 meses respectivamente. La categoría depende de la neuropatía, la arteriopatía, la deformidad del pie y la historia previa de úlcera o amputación.
¿Con qué frecuencia hay que revisar a un paciente con úlcera previa?
Cada 1 a 3 meses: es la categoría 3, la de mayor riesgo del sistema IWGDF, reservada a pacientes con historia de úlcera o amputación previa. Es el intervalo más corto de las cuatro categorías de la clasificación.
¿Puede un software calcular por sí solo la categoría de riesgo?
No, y no debería. La exploración clínica (monofilamento, diapasón, pulsos) la hace siempre el profesional. Lo que aporta el software es registrar ese resultado en un campo estructurado, comparable en el tiempo, con la fecha de la próxima revisión recomendada.
¿Sirve un campo de texto libre para documentar el cribado?
Sirve peor que un campo estructurado. Un texto libre no se puede comparar entre visitas ni disparar un recordatorio automático de revisión. Un campo propio por categoría, dentro de una plantilla clínica de podología, sí permite ver la evolución del paciente de un vistazo.
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